Buenos Aires, 2005. "Bendita locura", recapitula Jimena Cyrulink en su departamento de San Isidro. Como toda estrella que nació por azar o suerte y gracias al mundo de la satisfacción inmediata que genera el culto al cuerpo perfecto, tuvo su momento de gloria en la TV. para después ser desterrada de ese paraíso manejado a control remoto donde el zapping liquida; ahora con 7 cm de pelo y casi bordeando los 30, creo un muro para protegerse y auto inventarse. Así, la condición para hacer la entrevista fue impuesta de una: “evitemos todo eso de la locura religiosa y la burla”.
Ella se confiesa igual. "Nunca había leído la Biblia. –Retoma-. La agarré, era una chiquita azul de los nuevos evangelios y la empecé a leer como un libro de historia. Me había ido a la casa de la mujer de mi viejo en Mendoza, no tenía que leer. Estaba muy vacía espiritualmente y me di cuenta que para encontrar hay que confiar, cuando se alcanza esa confianza que muchas veces llega cuando estas mal sentís como un espíritu. ¡Algo elevado que te abraza el corazón!. Yo lloraba cuando me pasó eso. ¡Yo lloraba de amor!. Eran sensaciones de amor hasta físicas y me pasó leyendo los evangelios. Si me hubiese pasado leyendo a Osho, ahora estaría en la India leyendo a Buda".
Esas emociones son verídicas. La secuencia rememora el momento exacto del quiebre en la vida normal de una chica de origen judío, rubia y linda que por el orificio maternal de la televisión parecía tenerlo todo; y otra psicópata, con la cabeza rapada (una especie de replica opuesta a la rebeldía de Sidnead O'Connor), con una obsesiva compulsión por el bautismo que bordeaba la locura. Después de este abrazo efusivo a la fe (demasiado efusivo para el juicio propio de los medios), la vida de Jimena entró en stand by. Se alejó de la gente y en su continuo introespejo llegó a convivir un mes en un convento de monjas en Mendoza. Hoy, de regreso a la ciudad de los mortales (¿normales?), en otra etapa de su vida "viendo todo un poco más desde la estratosfera" y mucho más sensible, asegura que la respuesta “es el equilibrio". Así, cada una de las piezas en el rompecabezas se van de a poco acomodando y, la disparan al podio del entrevistado como una mina normal, con padres separados que se crió en Mar del Plata, que lee libros sobre Chiara Lubich y le encanta ver Cinema Paradiso mientras intenta sobrevivir en esta civilización que damos de llamar Buenos Aires.
Cuando abre la puerta del departamento donde vive sola y que ella misma está decorando, se acaba de mudar de Belgrano; todo es un caos pero la computadora está conectada. (Después en la entrevista me enteré que casi todas sus amigas viven en ese mismo complejo súper moderno de edificios muy versión Melrose Place, con piscina y vida calco Beverly Hills 90210 a tan solo 30 minutos de la 9 de Julio). Sin maquillaje y sin peinar, con una gorra, calzas negras, zapatillas All Star celestes y una remera, su belleza es auténtica. Muy sencilla para pensar que sus gráficas publicitarias dieron la vuelta al mundo. Y acá uno de esos prejuicios que siempre se tiene para los que pisan la alfombra roja de la fama: soberbia. Jimena no guarda ni sesgos y queda en evidencia, está llegando de nuevo.
- Dicen que muchas personas llegan a la religión cuando tocan fondo. ¿Cómo fue tu caso?
- Desde el dolor y la falta. El dolor que sentí cuando mi viejo falleció (hace 9 años), no funcionó una historia de mucho tiempo. Se me juntaron un montón de cosas. Yo estaba bien, la verdad que estaba bien pero no le encontraba demasiado sentido a las cosas. Necesitaba llenarme de algo más que lo que veía.
Aunque hubo una época en la que realmente sentía que no podía volver a la urbe porque estaba demasiado sensible. - ¿Fobia a lo público?. - "Sí, un poco", asegura. Primero en Caballito, después en Las Cañitas y desde marzo en San Isidro, eligió siempre Buenos Aires. Se sabe, de todas las ciudad de América latina, ésta es la más cosmopolita. Muy parecida a París, Madrid o Roma en su versión tercermundista con una población de 3 millones que con los suburbios supera los 11 millones, con lo cual no deja dudas que “Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires” (la tercera parte del país vive a orillas del Plata).
Semejante ciudad con pretensiones de lujo fashion y glamour exportado pareciera no dejar espacio para el arte, la cultura o la espiritualidad (salvo para esas filosofías instantáneas que vienen con libros de autoayudas y fecha de vencimiento). Sin embargo alrededor de 25 millones de argentinos están bautizados (lista que incluye a Jimena). A lo que hay que sumarle un 7 por ciento de protestantes; un 1,5 por ciento de musulmanes; un 1 por ciento de judíos y el 2,5 por ciento restante pertenece a alguna de las 2.800 organizaciones religiosas que habitan la patria. Por esto no es curioso que una mujer que se define como "una mina que tiene el corazón roto", y que está en "la búsqueda del amor" y que además viva en plenitud las realidades grises de 2005, elija esta metrópolis. -"Con esta cosa del acelere urbano es más necesario todavía lo espiritual, sino se te entra a caer el pelo si sólo te levantas, vas a la oficina y volves".
Es la tercera de 4 hermanos, aunque nació en Buenos Aires a los 4 años se mudo a Mar del Plata donde vivió 12 años. - Antes del caos religioso, ¿cómo era tu vida?
- Mi familia es judía tradicionalista aunque nunca le dieron mucha bolilla. Mis tíos eran quienes festejaban todo, en mi casa nunca se festejó. Mi madre es una persona muy especial, bastante fría, distante y eso también hizo que tuviese una búsqueda aún mayor. Creo que no haber tenido una familia que me contenga demasiado, una historia de 7 años que no me funcionó hizo que me encuentre sin ese amor que busqué por el lado de la espiritualidad, y que en su momento fue Osho.
- Pero Osho en uno de sus libros dice que el vaticano es “un club de gays”, ¿no es contradictorio creer en Osho y ser católica?
- Yo soy un ser que busca, si pretenden estancarme en cada paso que voy dando es imposible. Osho no lo cambié, sino que fueron todas cosas que se fueron sumando. Creo que Dios me fue poniendo las cosas en cada lugar para que yo encuentre mi camino al catolicismo. Osho está en contra de la religión. ¡Te atrapa, te aísla y es un poco peligroso!. Yo me puse un poquito psicópata en una época leyéndolo, y me aislé porque tiene una teología negativa de me voy al vacío. ¡Al vacío y al vacío y en la nada me ilumino!. Y esa es la teología de ellos que está buena, pero es muy difícil de aplicar en nuestra sociedad.
- Entonces ¿qué onda Osho?
- La mentalidad de Osho tiene un juego doble, te lleva a quedarte solo porque hace que a todo lo encuentres un lado negativo. Por ahí al principio te enganchas porque el tipo te dice anda a tu centro. Encontrá tu centro y la paz por más quilombo que haya afuera. ¡Volvé! como ir al fondo del mar, pero de repente empezas a aislarte de tus amigas y de tu gente... ¡Y después te das cuenta que sos un ser que necesita del amor!. No se si con conciencia yo busqué una religión: ¡no es que me dije quiero ser judía, quiero ser cristiana!. Yo quería sentir el abrazo de Dios Padre y lo encontré leyendo después de Osho los evangelios de Jesús. ¡Me enamoré de Cristo y de la historia de él porque me cerró todo con mi judaísmo!. Dije ¡chau! encontré el sentido, y esta es mi fe hoy.
- ¿Tu fe hoy?
- Yo soy cristiana. Para mí el cristianismo es la continuación del judaísmo y yo soy feliz de ser judía.
- ¿Cristiana o católica?
- No sé, tengo que estudiar religión y te contesto.
- ¿Te bautizaste?
- (Silencio) Sí, si, sí….
- Entonces sos católica apostólica romana.
- La religión debería ser el puente a Dios de cada uno. No importa ¡¿qué?!. No es tan interesante meterse en el detalle. Cuando me bautizaron empecé a los gritos: ¡bautícense!. ¡Bautícense!. Y después me di cuenta que a cada uno le llega un llamado distinto.
- ¿Por qué te rapaste?
- Yo lo quise hacer en quinto año del secundario pero no podía por laburo, y fue más fuerte el laburo. Ahora tampoco podía y perdí algunos contratos, pero quería hacerlo. Fue una consecuencia de toda esta nueva vida que empecé a experimentar. Después de buscar sentí que había encontrado la luz, que había encontrado el sentido. Un camino, y por un lado me sentía feliz y a la vez me sentía un poco sucia de donde venía. Me pasó leyendo el nuevo testamento, empecé a sentir una misericordia muy grande, un amor muy grande y me sentía inmerecida de eso, fue muy loco lo que me pasó.
- ¿Porque inmerecida?
- Siempre fui una mina buena, pero sentí eso: ¡Wow!, cuanto amor. ¡Para!. Fue como una ofrenda más que un castigo. Te lo doy porque no es nada el pelo. Vuelve a crecer. Pero a la vez lo es todo porque es mi laburo.
- Y los medios te destruyeron después…
- Yo hoy no estoy ni enojada ni resentida con los medios, sino que los veo cortos, limitados, que es lo que los enerva y hace que me maten. Ahora aprendí que no hay que darle de comer a los chanchos.
- Al margen de todo, combinar el acelere de Buenos Aires con religión, ¿se puede?. ¿Se puede creer en Buenos Aires?.
- Se puede. Se recontra puede obviamente. Hay que encontrar el equilibrio justo.
- Ahora, cuándo estas enganchado con la religión y ves un cartonero en la calle, ¿cómo se hace para seguir creyendo?
- También está el mal, y que Dios permita que algunos avancen no quiere decir que quiera que otros se queden. Todo ser tiene un llamado, hay personas que no lo buscan y otras que sí. Pero, ¿quién nos dijo que todo iba a ser color de rosas?. ¿Quién nos vendió eso?. ¡Nadie!. La vida desde el principio de los tiempos es un bardo hasta el final. Tenes que pasarla mal para crecer, y hay que bancarselas porque son pruebas… Dios está mirando que onda.
- ¿Qué lugar te da paz en Buenos Aires?
- Mi hogar.
- ¿La gente te molesta cuando caminas?
- No pero siento los ojos en la nuca. Con tanta espiritualidad me volví más sensible, antes vivía más en la bolada y no percibía tanto. Ahora me afectan más las cosas.
- Y, con tantas ideas y vueltas, ¿cuál es tu fortaleza?.
- Dios. Aveces recibimos un par de manotazos, te entran balas y te vas corriendo. Yo me mostré muy honesta con lo que me estaba pasando y me transformé en un ser súper vulnerable.
- Se rapo el pelo y se volvió loca… ¿qué respondes a eso?.
- ¡Bendita locura!. Todos somos un poco loco. Esta bueno. Hay gente que a la locura y al vuelo de la necesidad de tener una vida espiritual más intensa lo llaman locura… creo que a eso te referís… y no. No es locura…
